Dicen que no hay tiempo que perder. Lo dicen las noticias y los fanzines, las canciones de siempre y las películas en versión original del cine al que vamos de vez en cuando. Se cuela por las rendijas subliminales de la publicidad, por las caras B y por la letra pequeña. Vivimos al día: hiperconectados, hipermotivados, hiperenlazados. Seguimos viajando de átomos a bits a la velocidad de la luz. La cultura converge y se vuelve transmediática e híbrida. Educación, comunicación, arte, ciencia y tecnología copulan amigablemente. Somos expertos de nada y amateurs de todo. En este punto nos hemos quedado pensando, muy quietos, tratando de saber qué es lo que se pierde cuando el tiempo se va.

¿Es el overbooking cultural un nuevo problema de las ciudades contemporáneas? ¿Estamos reflexionando o estamos generando artificios reflexivos? ¿Debe el pensamiento crítico hacer marketing de sí mismo? ¿Por qué nos atrae lo nuevo? ¿Qué necesidad hay de generar noticias continuamente? ¿Escribimos nuestra propia historia o generamos consumibles comunicativos? ¿Queremos llegar antes o ir más deprisa? ¿Cuesta cada vez más pensar?

En estos últimos años hemos hablado de control y videovigilancia, de televisión, de inteligencia colectiva. Hemos puesto sobre la mesa conceptos como Microbios, Educación Expandida o Regreso al Futuro. Nos hemos dibujado y borrado en infinidad de ocasiones sin temor a salirnos de la línea. Nos hemos hecho preguntas y las hemos respondido. Hemos buscado respuestas y no las hemos encontrado. Nos seguimos haciendo preguntas.

Un festival tras otro, hemos sentido la responsabilidad de proponer un tema que abriera un nuevo surco de reflexión, que ayudara a definir un poco más el camino por el que transitan nuestros anhelos e intuiciones, creyendo que, conectando cada uno de los puntos neurálgicos de ese sistema nervioso, aportaríamos algo a este ecosistema cultural en el que nos movemos. Esta vez no, no queremos recurrir a la urgencia de lo nuevo, no queremos generar un trending topic o una keyword de moda. Lo que queremos es tomarnos el tiempo necesario para seguir pensando sobre aquello que consideramos define y redefine el contexto cultural de quienes entrelazamos espacios analógicos y digitales.

Queremos hacer un alto en el camino para reforzar la idea de que, aún siendo pequeños microbios, formamos parte de una masa multiforme que vive en la sociedad red, generando dinámicas de lo micro que abren espacios para la cultura libre y el procomún. El Festival Internacional ZEMOS98 funciona como hub cultural, por eso somos mediadores tecnológicos y por eso experimentamos con contenidos y formatos. En 2011, el año de la crisis incesante, nuestros intereses siguen su curso mientras mantenemos el anclaje en tres líneas de investigación:

  • Educación expandida: porque aprendemos en cualquier momento y en cualquier lugar; porque para nosotros en la genealogía de festival encontramos un laboratorio educativo.
  • Audiovisual integrado: porque vivimos inmersos en una cultura audiovisual cuyos sistemas de representación y narración están mutando gracias a conceptos como interfaz, hipervínculo, código embed, etc.
  • Comunicación en Beta: porque no hay comunicación sin educación y viceversa, porque la red nos exige conversar, multiplicar nuestra identidad, ser honestos y transparentes.

Por todo lo anterior, señoras y señores periodistas, afiliados a festivales y público en general...lo sentimos: DESAPARECE EL FESTIVAL INTERNACIONAL ZEMOS98.

Es broma.

En realidad simplemente no tenemos tema nuevo. O sí.

13 Festival Internacional ZEMOS98: "Progresa adecuadamente".

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Isaac Cordal