Este es el cuarto de una serie de artículos extraídos de un pequeño dossier de 61 páginas que elaboré en diciembre de 2008. La parte tercera fue publicada el pasado día 12 de abril.

Al final del artículo encontrarán un archivo (si al sistema le place el permitirme cargarlo; en cualquier caso pueden encontrarlo en el primer artículo de la serie) que incluye el índice del dossier original y la lista con los nombres de los autores cuyo trabajo he muestreado.

4.- Así que el banco central norteamericano es la FED, la Reserva Federal, que es un negocio privado con el que un pequeño grupo de banqueros se procura el control de los recursos materiales en el mundo, a través del dollar. Veamos ahora cómo esto es posible.

[...] La etapa decisiva en la ruptura con la moneda de Estado se produjo con la fundación, en 1913, del Sistema Federal de Reserva de Estados Unidos. Desde finales del siglo XIX, los bancos que se hallaban bajo control del imperio Rothschild emprendieron una gran campaña para apoderarse del control de la economía estadounidense. Los Rothschild, provenientes de Europa, financiaron el Banco J.P. Morgan & Co., el Banco Kuhn Loeb & Co., la Standard Oil Co. de John D. Rockefeller, los ferrocarriles de Edward Harriman y las fábricas de acero de Andrew Carnegie. Alrededor del año 1900, los Rothschild enviaron a Estados Unidos a uno de sus agentes, Paul Warburg, quien debía cooperar con el Banco Kuhn Loeb & Co. Jacob Schiff y Paul Warburg emprendieron una campaña tendiente a instaurar varios «Federal Reserve Banks» (FED), instituciones privadas de emisión de moneda. Con el apoyo de los dos grandes grupos financieros Rothschild y Rockefeller, lograron fundar un banco central privado con derecho a emitir su propia moneda, medio legal de pago garantizado al principio por el Estado. La instauración de la FED, en 1913, permitió que los banqueros internacionales pudieran consolidar su poderío financiero en Estados Unidos. Paul Warburg fue el primer presidente de la FED.

Después de la fundación de la FED se produjo la adopción de la 16ª enmienda de la Constitución estadounidense, que permitió que el gobierno cobrara un impuesto sobre los ingresos. Era consecuencia del hecho de que el gobierno no pudiera ya emitir su propia moneda. De esa manera, los banqueros internacionales se apropiaban indirectamente del patrimonio privado del ciudadano estadounidense.[...]

Veamos este punto más detenidamente:

[...] Ahora, volviendo a 1913, el Acta de Reserva Federal no fue la única ley anticonstitucional que se mandó al Congreso. También impusieron el impuesto federal al ingreso. [...]

Primero de todo, el impuesto federal al ingreso es completamente anti-constitucional, porque es un impuesto directo y no igualitario. Todos los impuestos directos deben ser igualitarios para ser legales según la Constitución.

Segundo, el número requerido de estados para ratificar la enmienda para permitir el impuesto federal al ingreso nunca fue alcanzado, y esto ha sido citado en la Corte de Justicia incluso en casos modernos: “Si usted examina la decimosexta enmienda cuidadosamente, encontrará que nunca el suficiente número de estados ratificó la enmienda.”

- Juez de la Corte de Distrito Norteamericana James C. Fox, en 2003.

Tercero, en la actualidad aproximadamente el 35% del ingreso promedio de un trabajador se le quita a través de este impuesto. Eso significa que trabaja cuatro meses del año para cumplir con esta obligación impositiva, y adivina a dónde va el dinero. Va para pagar el interés de la moneda producida por el banco fraudulento de la Reserva Federal, un sistema que no debe existir. El dinero que un norteamericano consigue trabajando cuatro meses del año va literalmente a los bolsillos de los banqueros internacionales, dueños del Banco Privado de la Reserva Federal.

Y cuarto, aún con la afirmación fraudulenta del gobierno sobre la legalidad del impuesto al ingreso, no hay literalmente ningún estatuto, ni ley en existencia, que requiera pagar este impuesto... punto. El impuesto al ingreso es nada menos que la esclavización del país entero.[...]

[...] En aquel momento (1913), los accionistas más importantes de la FED eran:

- 1. Los bancos Rothschild de París y de Londres
- 2. El Banco Lazard frères de París
- 3. El Banco Israel Moses Seif en Italia
- 4. El Banco Warburg en Amsterdam y Hamburgo
- 5. El Banco Lehmann en Nueva York
- 6. El Banco Kuhn Loeb & Co.en Nueva York
- 7. El Banco Rockefeller Chase Manhattan en Nueva York
- 8. El Banco Goldman Sachs en Nueva York.

Después de la Primera Guerra Mundial, las reservas mundiales de oro se acumularon en aquel banco privado que en realidad era la FED, de manera que numerosos bancos centrales no pudieron seguir manteniendo el patrón oro y sus países se vieron inmersos en la deflación, produciéndose así la primera crisis económica mundial.

Durante la Guerra Mundial, Estados Unidos llegó a exigir que los países en guerra le pagaran con oro las armas que compraban. Al terminar la guerra, el oro de Alemania se convirtió en botín de guerra. Más de 30,000 toneladas del oro mundial se acumularon así en Estados Unidos.

Ese oro sirvió de cobertura al dólar. Pero, como gran parte de esos dólares estaba haciendo el papel de reserva monetaria en las cajas de los bancos centrales extranjeros, Estados Unidos pudo seguir imprimiendo más dólares, en cantidades que ya no correspondían con sus reservas en oro.
En efecto, los demás países necesitaban dólares para poder comprar materias primas, que se compraban solamente con esa moneda. Además del oro, el dólar se convirtió así en una de las principales reservas monetarias de los bancos centrales extranjeros.

Había comenzado el reinado mundial del dólar. En 1971, Richard Nixon (el presidente número 37 de Estados Unidos, de 1969 a 1974) anuló la convertibilidad del dólar en oro (el patrón oro) y, al mismo tiempo, la garantía del Estado sobre el valor del dólar. Desde entonces, el valor del billete verde no está en correspondencia con las reservas de oro ni está garantizado por el Estado. Se trata por tanto de la moneda privada libre de la FED. Pero la masa monetaria de dólares que la FED pone en circulación (desde marzo de 2006, la FED no ha publicado más la cifra de la masa monetaria M3) se ha convertido en un problema sin solución: la masa mundial de bienes se cuadriplicó durante los últimos 30 años, pero la masa monetaria se multiplicó por 40.

¿Cómo funciona este banco privado con derecho a imprimir los dólares? La FED produce dólares. Los presta al gobierno de Estados Unidos a cambio de obligaciones que le sirven [a la FED] como «garantías». Los bancos de la FED en posesión de esos títulos perciben intereses anuales. Muy astutos, ¿no les parece?

Ya en 1992, las obligaciones en poder de la FED alcanzaban un valor de 5 trillones de dólares, y los intereses que paga el contribuyente estadounidense siguen aumentando constantemente. La FED se apoderó de ese increíble patrimonio prestándole dinero al gobierno de Estados Unidos y cobrándole después intereses. El contravalor es ese papel verde que se conoce con el nombre de dólar.

Es importante repetir que no es el gobierno de Estados Unidos quien emite el dólar, sino la FED, que a su vez se encuentra bajo el control de bancos privados y que pone a disposición del gobierno cantidades de dinero y, como contrapartida, cobra jugosos intereses y recoge impuestos. Nadie se da cuenta de esta artimaña. Además, las obligaciones que el gobierno emite otorgan a la FED una garantía, de carácter público y privado, sobre el conjunto de bienes y fondos de Estados Unidos. Numerosas acciones jurídicas han tratado de obtener la anulación de la ley sobre la FED, sin éxito hasta el momento.

El presidente John F. Kennedy fue el primero que trató de transformar la FED emitiendo un decreto presidencial («executive order number 11110»). Poco después, fue asesinado, probablemente por su propio servicio de inteligencia. Lo primero que hizo su sucesor, Lyndon B, Johnson, en el avión presidencial que lo traía a Washington desde Dallas, fue anular el decreto de Kennedy.

¿Cuál es la situación actual? Los bancos privados tratan por todos los medios de mantener y reforzar su gigantesca fuente de ingresos: el dólar. Y a los países que quieren establecer sus relaciones comerciales internacionales [en adelante] sobre la base del euro, como Iraq, Irán o Venezuela, se les tilda de terroristas. Se obliga a los gobiernos a vender sus productos a Estados Unidos a cambio de dólares carentes de valor, y el desenfrenado aumento de liquidez proporciona a la alta finanza [internacional] las sumas ilimitadas que le permiten comprar el mundo entero. Los bancos centrales del mundo entero se ven obligados a acumular dólares sin valor como «reservas monetarias». El dólar estadounidense es la moneda privada de la alta finanza, moneda que nadie garantiza, que no dispone de otra garantía que la propia, moneda que se utiliza para maximizar la ganancia, acrecentada sin vergüenza alguna, que se utiliza como medio de dominación mundial y para acaparar las materias primas y otros valores del mundo.[...]

Volvamos ahora sobre algunas ideas ya expuestas:

[...] Ellos [los banqueros de las grandes corporaciones] crean los períodos de expansión llenando el país de dinero, luego programan la recesión retirándolo a través de sus sucursales y los pobres endeudados dejan sus posesiones materiales en sus manos. No digamos ya del poder político cada vez más sometido a los medios de comunicación [que los propios banqueros controlan indirectamente]; se crean grandes entramados mediáticos que venden la imagen de sus pupilos como la mejor opción posible, pero para que nada se les escape, también manejan la de su opositor [y por ende, la de todo el espectro electoral]; salga quien salga, siempre ganan. Pobre del político que no se les someta; pasa a ser cadáver.

Desde aquí podemos dirigirnos hacia dos puntos: o explicar desde una economía normal cuyos ciudadanos crean una masa de ahorro que se convertirá en inversión, lo que sería una economía local y sostenible; a una economía donde de la nada se crean billetes que proporcionan grandes créditos a grandes empresas que, en su intento de devolución, se ven obligadas a producir enormes cantidades [de bienes] sin importar que sean absorbidos por la sociedad, con tal de cumplir con los acreedores.

Pero dejando atrás, o para otro texto, lo que representa el crédito en una economía local (Y=C+A) o en una economía adulterada, nos dirigiremos hacia el baluarte del capitalismo para desvelar sus intrigas.

De Inglaterra nos trasladamos a EEUU

Una vez que teníamos al imperio trabajando endeudado para los usureros, se mira de reojo al próximo aspirante que tiene todas las condiciones para ser una gran potencia. Pasan unos años hasta que la reina le firma a E. Rothschild la carta llamada Declaración de Balfour (1917) donde Inglaterra se compromete a crear un estado judío en Palestina.

En 1913, el Congreso Norteamericano dispone que la Reserva Federal Americana es una entidad privada con el privilegio de emitir billetes. Si alguien busca quien compone este grupitos de bancos tan afortunados, pues dará con la banca Rothschild, el banco de Hamburgo, etc... y como nota, debemos destacar que el primer billete de 500 creado por Israel, se imprimía con el rostro de un Rothschild. Pero si quiere un dato histórico de cómo actuaban estos conspiradores, entienda que los años anteriores al fabuloso regalo entregado por el Congreso estadounidense a un grupito privilegiado [de banqueros], fueron muchos los bancos que tuvieron que cerrar por falta de liquidez...

Alguien hacía correr el rumor de que tal banco no tenía liquidez o era insolvente, y cuando la gente acudía en masa a retirar su dinero hacían que tal rumor se convirtiera en realidad. ¿Sabe quién lanzaba los rumores pues tenía el conocimiento necesario del mecanismo bancario de retención del 10% en depósito, y qué retirada súbita cogería a contrapié al desafortunado propietario que se vería obligado a solicitar ayuda o a vender su entidad comercial? Sí, hombre, si yo pongo JP… usted ponga Morgan; es más, la nota histórica le servirá para lo que sirve los interbancarios o préstamos entre bancos; y si se pierde esa ayuda entre bancos por cualquier motivo, unos irán a la quiebra mientras otros saldrán fortalecidos al hacer la compra de su adversario o simplemente hacerlo desaparecer como competidor.

Hay datos suficientes [históricos] para seguir lo que realmente pasó entre 1880 – 1911. Las crisis bancarias en Estados Unidos fueron generalizadas (gracias a Morgan y compañía) mostrando a la ciudadanía la necesidad de que la Reserva Federal estadounidense fuera privatizada; algo de lo que se arrepentiría más tarde el presidente norteamericano (Woodrow Wilson) por haber dejado todo el poder económico en manos de un grupito de usureros.

Para más, el congresista Louis T. McFadden (durante 12 años presidente del Comité de Bancos y Circulación Monetaria) pidió una investigación al Congreso sobre la actividad criminal de la Reserva Federal y bancos de la Reserva Federal, sugiriendo sus implicaciones en el crack de 1929.
Consta en los registros del congreso, página 1295 y 1296, de la Cámara del 10 de Junio de 1932: «Sr. Presidente, tenemos en este país una de las instituciones más corruptas que el mundo ha conocido...»

Pero volvamos al asunto dejando en el aire lo prometido a Inglaterra y lo prometido a los dirigentes norteamericanos de la época; en definitiva sus pupilos o esbirros, lo cierto que los usureros son los causantes del crack de 1929 para convencer a los políticos de la rigidez que supone que el dólar tenga un equivalente en plata y oro, tal y como reconocía la constitución y las normas internacionales al respecto (1 dólar es una medida farmacéutica de 371 gramos de plata, igual a 24,7 en oro, igual al dólar español de Miller, el Deker holandés, etc.).[...]

[...] Efectivamente, a finales de los años veinte el nuevo sistema se vino abajo. La Reserva Federal se enfrentaba a un doble desafío. Por un lado, Estados Unidos estaba pasando por una ligera crisis económica. La Reserva Federal [...] aumentó su ritmo de emisión de moneda. Por otro lado, el banco central inglés se había negado, por motivos políticos, a una necesaria subida de sus tipos de interés. Debido a este tipo de interés artificialmente bajo en Inglaterra, los inversores ingleses preferían tener su dinero en dólares en vez de en libras esterlinas. En consecuencia, se estaba produciendo una gran salida de oro desde Inglaterra hacia Estados Unidos. [...] La Reserva Federal decidió imprimir todavía más dinero, que rebajaría el tipo de interés en Estados Unidos hasta situarlo a niveles cercanos a los de Inglaterra. Con tipos de interés parecidos a ambos lados del Atlántico, se acabó la fuga de oro. Pero los problemas acababan de empezar.

La enorme liquidez que la Reserva Federal había inyectado al mercado fue a parar, en gran medida, a los mercados financieros. Con enormes cantidades de dinero barato, los inversores compraron acciones de las empresas líderes en las nuevas tecnologías: automóviles y radio, principalmente. Los índices bursátiles se dispararon. Se estaba creando riqueza de la nada pero los expertos aseguraban que los enormes beneficios bursátiles se correspondían perfectamente con la envidiable situación de la economía real. La realidad era bien distinta, se trataba de una inmensa burbuja financiera. Las acciones de la RCA, por ejemplo, pasaron de 1,5 $ en 1921 a 141 $ en 1929. El 3 de septiembre de 1929 se alcanzó el máximo en Wall Street. La Reserva Federal quiso detener la burbuja parando en seco la expansión monetaria, pero ya era muy tarde y la reventó [viéndose por ello muy beneficiados los banqueros que controlan dicha Reserva Federal]. Del 24 al 29 de octubre se produjo la caída en picado de la bolsa.

El presidente Herbert C. Hoover primero, como Franklin D. Roosevelt después, intentó frenar la crisis a fuerza de políticas intervencionistas. La crisis se agudizó y se esparció por el mundo. En 1931, Inglaterra abandonó completamente el patrón oro. En julio de 1932, el índice Dow Jones había perdido el 90% de su valor desde los máximos de 1929 y tardaría todavía un cuarto de siglo en recuperar esos niveles. El PIB americano cayó un 60% respecto a 1929 y más de 4.000 bancos cerraron.[...]

[...] Viendo que la limitación del oro y plata limita la producción de billetes, en 1932, el presidente Delano Roosevelt decreta desligar el oro del dólar en el mercado interno, dejándolo sujeto para el mercado exterior (no le quedaba más opción al ser una medida internacional). [...] desde entonces sólo los gobiernos y bancos mundiales podrían cambiar los billetes de la Reserva por oro. Se llegó al extremo de prohibir a los americanos poseer oro. En 1934 Estados Unidos re-adoptó el patrón oro, pero no a 20 dólares por onza sino a 35.

Los dólares ya no salían a raudales de Estados Unidos. Uno de los países más dependientes de esos dólares era Alemania, que todavía se estaba recuperando de la devastación de la Gran Guerra. La economía teutona no podía dar abasto a sus propias necesidades de reconstrucción ni a las obligaciones de pago que le habían impuesto los vencedores. El gobierno alemán había decidido, en la década anterior, imprimir marcos a lo loco. En poco tiempo, carretillas llenas de billetes de varios millones de marcos eran insuficientes para comprar productos básicos. Esto ya no era inflación, sino hiperinflación. La economía alemana se colapsó a principios de la década de 1920. Con una divisa que no valía nada, obviamente, no había forma de pagar las deudas a los vencedores de la Gran Guerra. Así que tras la devastadora hiperinflación vino el impago de la deuda.

Conscientes del error que había supuesto la impresión sin ton ni son de moneda, los bancos centrales se ciñeron a una política monetaria muy restrictiva. O sea, dieron tal golpe de timón que pasaron de la inflación a la deflación. Los alemanes, desesperados de tantos estragos económicos, votaron a Adolf Hitler para que les trajera tranquilidad y prosperidad.

El invento de Génova se había hecho trizas. Las potencias habían abandonado el patrón oro. La crisis económica, el paro y la deflación parecían imparables. Sin las restricciones del patrón oro, las economías, incapaces de competir entre sí económicamente, emprendieron el camino de las devaluaciones competitivas. Es decir, redefiniendo constantemente su propia divisa a la baja, cada país intentaba abaratar así sus productos para poder exportarlos más fácilmente y así estimular su producción nacional, frenando el paro y la deflación. Pero la situación siguió empeorando hasta que estalló una nueva guerra mundial.

Bretton Woods

Cuando los Aliados vieron que tenían la guerra ganada, empezaron a diseñar planes para el sistema financiero internacional que habría de establecerse en la posguerra. El plan inglés fue obra del economista Lord John M. Keynes, el americano fue obra de un alto funcionario del Tesoro llamado Harry D. White. Para cuando la guerra terminó, en 1945, el PIB americano representaba la mitad de toda la producción mundial. No podía haber discusión, se aplicaría el Plan White. Entre otras cosas, el Plan White implicó la creación del Fondo Monetario Internacional.[...]

En las conferencias celebradas en Bretton Woods a mediados de 1944, las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial redefinieron el sistema monetario internacional aplicando el Plan White. Básicamente, la idea consistía en recuperar el esquema de Génova, aunque se suprimía la pirámide intermedia de la libra. Esto es, todas las divisas serían convertibles en dólares y sólo el dólar sería convertible en lingotes de oro a razón de 35 dólares por onza para los gobiernos extranjeros.

La Reserva Federal reinició su política de emitir dólares alegremente. Mientras tanto, Europa y Japón, aplicando políticas más sensatas, se recuperaron y la balanza comercial comenzó a inclinarse en contra de los Estados Unidos. Esos países se encontraron con que sus reservas nacionales se estaban llenando de dólares sobrevaluados que habían adquirido vendiendo sus productos a Estados Unidos. No puede sorprender su reacción: empezaron a vender dólares a la Reserva Federal a cambio de lingotes de oro. Lo poco que quedaba del patrón oro siguió actuando: el banco emisor irresponsable tenía que despedirse de su oro. Las reservas de oro de la Reserva Federal, que tras la Segunda Guerra Mundial estaban valoradas en 20 mil millones de dólares, se vaciaron hasta los 9 mil millones. Pero, a medida que las ventas de dólares hacían subir la demanda de oro, en los mercados internacionales de oro, principalmente Londres y Zurich, el precio del metal precioso iba subiendo. A la Reserva Federal le resultaba cada vez más difícil mantener el cambio de 35 dólares por una onza de oro.[...]

[...] Tendremos que esperar los años 1960, en que J. F. Kennedy promueva el acta 11110 (aún vigente) para intentar devolver el dólar a su origen constitucional por el cual sólo el Estado tiene derecho a imprimirlo, y el mismo debía tener una equivalencia en plata u oro.

John F. Kennedy lo había visto claro y resultaba increíble que unos privados imprimiesen el dólar que luego vendían al Estado con interés (por letras del tesoro); ¿Quién avalaba a ese dólar? Pero sobre todo era ese interés cobrado el que generaba la deuda nacional estadounidense, tal como ocurriera en la Inglaterra de Guillermo III.

Kennedy conjuró, con su Secretario del Tesoro, producir dólares en relación a la reserva de oro y plata existente, y así salieron unos billetes (4.292.893.815 de 1 y 2 pues los de 10 y 20 jamás llegaron a salir) con numero de serie en rojo (los de la Reserva Federal son en verde) acompañados por la frase United State of... «pagará al portador» (mientras que los de la Reserva Federal vienen con R.F. [Reserva Federal], «moneda de curso legal»). Kenndy sabía que sus dólares avalados por plata y oro e impresos por el congreso terminarían por desplazar, por simple lógica, a los de R.F. pues nadie es tan tonto que prefiera cheques [o dinero] sin fondo; y más cuando James J. Saxon, interventor de circulación del presidente estadounidense, animaba a entregar poder a bancos que no fuesen de la Reserva Federal para que los mismos pudiesen suscribir obligaciones estatales y así conseguir debilitar a la poderosa R.F., que al cobrar interés no hacían más que aumentar la deuda estatal estadounidense.

Ya saben el resto, meses más tarde Kennedy es eliminado y el 99% de los billetes se retiran del mercado... el papel [birria-adefesio] sin aval imperará hasta nuestros días. La Comisión Warren, encargada de investigar el asesinato, incluyó en su panel a John J. MaCloy, hombre sin experiencia criminal pero ex-presidente del Chase Manhatan Bank.[...]

La caída de Bretton Woods

En marzo de 1968, Estados Unidos decidió acabar con la pérdida incesante de oro. El remedio que se aplicó consistió en el compromiso de todos los bancos centrales a no comprar ni vender oro en los mercados libres. Esto es, las reservas de oro de los bancos centrales y todo el demás oro del mundo funcionarían en compartimentos estancos, jamás se mezclarían. Así, confiaban, la Reserva Federal dejaría de perder oro y el precio mundial de la onza de oro volvería a niveles muy por debajo de los 35 dólares. Se equivocaron a lo grande.

La Reserva Federal seguía inflando el dólar así que su valor en los mercados iba cayendo mientras el oro se apreciaba. A principios de 1973, una onza de oro se cambiaba en los mercados internacionales por 125 dólares. Los bancos centrales europeos amenazaron con vender gran parte de los inútiles dólares que tenían en sus reservas a cambio de oro, contraviniendo el acuerdo. Así que, el 15 de agosto de 1971, por orden del presidente Richard M. Nixon, el dólar dejó de ser convertible en lingotes de oro incluso para gobiernos y bancos centrales extranjeros. Fue el golpe de gracia al patrón oro.

La crisis del dólar

Durante todo el siglo XIX, con veinte dólares se podía adquirir lo mismo que con una onza de oro. En la primera década del siglo XX se empezó a pervertir el patrón oro y, en sólo veinte años, en 1934, el valor del dólar se había dilapidado de tal forma que hacían falta treinta y cinco para comprar una onza. Cuando, a mediados de siglo, Jacques Rueff abogó por el retorno al patrón oro con la paridad de una onza por setenta dólares, el doble que el cambio oficial en ese momento, se consideró que el precio era ridículamente alto, que no podían pedirse tantos dólares por una simple onza de oro. Pero el valor del dólar respecto del oro siguió cayendo. Hoy, en los mercados internacionales, no bastan 400 dólares para comprar una onza de oro. Es decir, en los últimos cien años, el dólar ha perdido, en términos de oro, el 95 % de su valor.

Esta bestial destrucción del dinero se aceleró con la decisión de Nixon de romper el último lazo entre el oro y el dólar. Obviamente, en el mercado predominaron los que quisieron deshacerse a toda prisa de sus dólares para poder comprar activos cuyo valor no se degrade tan rápidamente. El oro, el petróleo y otros activos vieron cómo su precio se disparaba en dólares. La inflación del dólar llegó a los dos dígitos.

Curiosamente a esto no se le llamó “la crisis del dólar” sino “la crisis del petróleo”.

Estanflación

Cuando se financió el enorme gasto público a fuerza de imprimir más dólares no respaldados, estos perdieron su valor rápidamente. Para frenar la inflación, los gobiernos impusieron todo tipo de restricciones y controles de precios y salarios. El estancamiento económico se vino a sumar a la inflación. Así se creó un neologismo feo de cuidado: estanflación. Entre otras cosas, la estanflación dejaba en evidencia los errores de la teoría keynesiana, que había dado por hecho que inflación y estancamiento no podían darse al mismo tiempo.

La crisis de la deuda

Con unas economías occidentales al pairo y una abundancia de dólares, los bancos se encontraron con que nadie les pedía préstamos para nuevas inversiones. [...] el mundo desarrollado parecía aquejado de agujetas. Ahora podrían [las naciones pobres] recortar distancias.[...]

A principios de la década de 1980 [con el advenimiento de la era ultraconservadora neoliberal en norteamérica, durante el gobierno de Ronald Reagan y su vicepresidente George H. Bush], Occidente empezó a “levantar cabeza”. Con la reactivación económica, las empresas volvieron a pedir préstamos a los bancos y los tipos de interés volvieron a subir. Fue un amargo despertar para los países pobres. Después de una década desaprovechando préstamos, llegaba la hora de pagarlos. El saldar una deuda cuando los tipos de interés están en plena escalada, es complicado. Que, encima, no se haya usado el dinero para producir la suficiente riqueza con que devolverla, hace imposible el pago. Méjico fue el primero en reconocer lo evidente: no podía pagar la deuda.[...]

*****

La crisis de 1929 y la esclavitud (Parte cuarta)
Enviar comentario
Comentarios
20 de xuño do 2010 05:27, por Durán Vázquez

Actualización del valor del dólar a mediados de 2010:

http://www.kaosenlared.net/noticia/iran-otras-regiones-empujan-importante-reajuste-geoestrategico-mundo

en este artículo podemos leer: "[...]debemos saber que el oro, en esta primera quincena de junio de 2010, ha superado por primera vez en la historia los 1250 dólares por o­nza, además, se tienen noticiasque en EEUU se están construyendo verdaderas estructuras legales y financieras para detener este alza del oro. Sin olvidar que el dólar durante estos últimos 11 años ha tenido un descenso significativo frente al oro."

12 de agosto do 2010 07:21, por Durán Vázquez

Indico un breve artículo muy interesante que tiene relación con lo que se explica en mi dossier a propósito del control de la emisión de moneda:

http://www.jornada.unam.mx/2010/08/11/index.php?section=opinion&article=031a1eco

Ahí podemos leer una cita tan sencilla como reveladora: "Lo más importante es que la visión zombi descansa en la premisa de que en una economía existe un acervo fijo de "ahorro" para financiar la actividad productiva. Un vistazo rápido al funcionamiento de una economía monetaria moderna demuestra que el mundo no se mueve así. En su función de creación monetaria, los bancos no recurren a sus depósitos para hacer un préstamo; generan un depósito cuando hacen un préstamo."

Categorías
Durán Vázquez