Literatura e nacionalismo
sábado, 17 de marzo do 2007, por Sr pause.
categorías: Acción Social

El Manifiesto tendrá la prolongación de un libro colectivo, dentro de unos meses, para elaborar el nuevo concepto francés de «literatura mundo», que es una versión muy tímida y parcial del concepto español elaborado de manera mucho más sistemática, hasta hoy, por Juan Ramón Jiménez, en su célebre libro «Españoles de tres mundos», donde se integraban en una misma cultura común a escritores de lengua española y distinto origen geográfico, como Rubén Darío (nicaragüense), José Martí (cubano), Alfonso Reyes (mexicano), Pablo Neruda (chileno), José Asunción Silva (colombiano), etc., hermanos de los grandes patriarcas de las literaturas españolas de España, Rosalía de Castro (gallega), Antonio Machado (sevillano) o Ramón de Basterra (bilbaíno), etc., etc., etc.
Lenguas de alcance planetario
Varias décadas después de Juan Ramón Jiménez, los escritores franceses descubren que buena parte de la gran literatura francesa está escrita por autores nacidos en Argelia (Assia Djebar), Marruecos (Tahar Ben Jelloum), Martinica (Edouard Glissant), Líbano (Amin Maalouf) o Djibouti (Abdourahman A. Waberi), etc., etc., y toman buena nota, en su Manifiesto, que el español y el inglés de otros continentes son ya lenguas de alcance planetario.
El Manifiesto que está llamado a convertirse en un gran volumen-documento comienza por recordar que, en verdad, París ha dejado de ser el «centro» de una cultura cuyos premios, académicos y creaciones hace mucho que tomaron otros rumbos. Sólo recuerda de pasada que, en verdad, los grandes autores negros en lengua francesa, Senghor y Aimé Cesaire, ya lanzaron yace mucho tiempo el movimiento cultural de la «negritud», cuya raíz última se encontraba en una cita de Rimbaud, escrita tras la Comuna de París, sentenciando en un libro canónico de la poesía francesa contemporánea: «Yo soy un negro».
Desde entonces, sucesivas generaciones de escritores franceses se han interrogado por el futuro de su lengua y cultura. Algunos de ellos, como Saint-John Perse (interlocutor de don Salvador de Madariaga, embajador de España, en el Quai d´Orsay), ya sembraron muchas raíces en otras tierras y otros horizontes. Pero nadie, hasta ahora, se había atrevido a escribir en un Manifiesto: «Seamos claros: la emergencia de una literatura-mundo, en lengua francesa, abierta a todos los continentes, transnacional, firma el acta de defunción de la francofonía. Nadie habla ni escribe en francófono. La francofonía es la luz de una estrella muerta. ¿Cómo pudiera sentirse nadie concernido por la lengua de un país virtual..?».

vía: abc cultural

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