MAGOS DA COMUNICACIÓN
luns, 23 de novembro do 2009, por Durán Vázquez.

Escuché una vez a un prestidigitador que explicaba que es más fácil engañar con un truco de magia a una persona que a un mono porque el ser humano lleva implícitas nociones culturales que los animales no tienen, y ponía un ejemplo: “si señalo esta carta, instantáneamente tú entiendes que debes mirar hacia ella y de ese modo desvío tu atención de la otra mano con la que realizo el efecto mágico. El mono, al no entender el código que es mi dedo índice orientado hacia la carta, no centra su atención y puede observar así el conjunto de la situación que se le presenta, incluyendo la otra mano con la que me saco un as de la manga”.

En el mundo de la prensa también se emplea esta técnica, tan propia de los ladrones y asesinos como de los ilusionistas.

Diario

Domingo 22 de noviembre de 2009

Informativos de mediodía del canal Cuatro: en la parte final del informativo (la que yo llamo “sección de banalidades para rellenar”) se informa de algunas curiosidades en formato de noticias breves, curiosidades de esas que nunca podrían hacerse pasar por información útil ni como periodismo serio en un medio de prensa honesto que realmente pretendiese informar a la gente de lo que sucede en el mundo.

Así vemos, primero, la adjudicación en subasta del mítico guante blanco con piedras incrustadas que vistió el difunto Michael Jackson, convirtiéndolo en un icono de la cultura de masas, por un precio superior a 100 mil euros. En imágenes de archivo podemos ver la multitudinaria y pomposa gala de subasta en el momento en que se adjudica la pieza a un joven que, además, está allí presente y sonríe acosado por el júbilo general.

Como el niño que sigue empeñado en que sus fantasías son reales y no ceja en su relato, a esta “noticia” le sigue otra también sobre una subasta, en este caso de un inmueble en Vancouver donde se rodaron escenas del largometraje Crepúsculo, cuya secuela se ha estrenado recientemente en España. Vemos fotografías de la casa mientras se nos informa que, según expertos, podrían llegar a pagarse más de 2 millones de euros por ella. Aunque la noticia es breve (menos de 20 segundos) al presentador de los informativos del fin de semana le da tiempo, en la frase final, a repetir la palabra crepúsculo. Dice algo parecido a esto: “Una casa donde, como decimos, se rodó la película Crepúsculo”. Desde un punto de vista periodístico, y tratándose de una noticia tan breve (y, admitámoslo, sin ningún interés para la mayoría de ciudadanos pese a que sea un canal de ámbito nacional el que nos “informa”) la insistencia sonó tan forzada que podría inducir extrañeza incluso en personas que desconozcan el funcionamiento de los medios de comunicación en esta era nuestra de la información, la cultura digital y el libre mercado.

Quienes tienen claro, sin embargo, el hecho de que las así llamadas NOTICIAS no son más que propaganda apologética, y que en particular las llamadas NOTICIAS DE CULTURA no son sino publicidad comercial pagada a precios astronómicos para beneficiarse del halo de respetabilidad que otorgan los grandes medios de comunicación (no en vano uno más de la familia, pues entran todos los días en nuestra casa), quienes este hecho tienen claro, digo, no pasarán por alto el detalle de que la subasta de esa casa no es más que la coartada con la que publicitar un producto: la secuela de la película que con tan pobre excusa se ha mencionado por dos veces.

En la noticia del canal Cuatro vemos que, aún a pesar de que muchas personas expuestas a la información no terminen pagando una entrada, sí entran en conocimiento de que existe esa película. Quien oye hablar de “la película Crepúsculo”, no puede ignorar ya que tal película existe o que, al menos, existe para otros semejantes (quienes la hayan visto) con todos los atributos propios de una película.

La técnica de cualquier ilusionista se basa en una premisa muy simple: despistar con una mano mientras con la otra se ejecuta la verdadera acción. Un poco como el carterista que te pregunta la hora mientras su colega aprovecha que tu atención está ocupada en responder. La “noticia” real (la publicidad encubierta que me informa de que existe la película como opción de consumo) es el ’truco’. La “noticia” de coartada (la mención a la subasta de la casa) es la ’ilusión’ con la que se oculta el truco. Y lo oculta, entre otras cosas, porque la ilusión se presenta a sí misma como objeto intencionado de contemplación, es decir, la ilusión se hace para ser vista. Pero, al igual que sucede en el espectáculo de magia, ni truco ni ilusión figuran entre los objetivos últimos del ilusionista. Ambos pertenecen a la superestructura (por emplear la terminología marxista) de su oficio. El mago lo que quiere en realidad es resultar convincente para que la gente siga acudiendo a su espectáculo, lo cual le permite subsistir cuando no enriquecerse (eso es lo que subyace al nivel de la estructura, que como sabemos es siempre y en última instancia un fundamento de tipo económico: conseguir los medios para mantenerse vivo/funcionando). Del mismo modo, tampoco la información y su transmisión al público es en sí el objetivo último de las agencias de prensa. Los ilusionistas de la comunicación lo que quieren es mantener su negocio en medio de la brutal competencia capitalista, competencia que se acentúa a medida que se concentran capitales. Y también del mismo modo, los prestamistas que financian a las agencias de prensa no tienen como verdadero objetivo el enriquecerse por medio del interés, sino hacer valer su visión cultural del mundo (su ideología burguesa) para seguir ostentando el poder máximo. Napoleón decía en referencia a los prestamistas que “la mano que da está siempre por encima de la mano que recibe”.

Imagino, por ejemplo, esta conversación ante el televisor donde se puede ver la noticia de la subasta:

· Ciudadano 1 (sentado a la mesa con su plato de sopa delante, dice mientras engulle):
-¿¡Crepúsculo¡? ¿Y qué peli es esa?- exclama como ofendido en su cinefilia.

· Ciudadano 2: -¡Ay, papá! Es que no te enteras de nada. Es el peliculón sobre vampiros de la saga de...-

Etcétera, etcétera. Huelga decir que la conversación, por muchas variantes de la misma que se produzcan, tiende a desembocar en una mención a la secuela recién estrenada, y de ahí puede terminar en algún comentario para ir a verla todos juntos en familia, o bien con los amigos del instituto ya que papá no se muestra reacio a dar el dinero para la entrada (no será él quien niegue a su hijo de trece años el ser uno más del rebaño), o cualquier otra posibilidad imaginable. Por cada cien situaciones en que esto no se produzca, habrá unas 15 o 30 o 40 (o las que sean) en que el desenlace final sí es el visionado de la secuela de Crepúsculo, previo pago de entrada. Suficiente para ir sumando ingresos en la cuenta general de la productora cinematográfica que invirtió su capital con el objetivo de sacar tanto dinero del producto que se pueda pagar a los acreedores y todavía quede algo de beneficio.

A los acreedores, sin embargo, lo que les interesa no es que el producto sea un éxito para la empresa productora de cine (lo cual les permite recuperar el préstamo más un jugoso interés). Igualmente se verían beneficiados si el proyecto se hundiese. Los deudores pagarían con sus capitales inmuebles (y otros que no son los inmuebles) la deuda contraída. Justo castigo a quien no es capaz de hacer llegar a la masa los mensajes que a esos acreedores interesa difundir en cada momento. Así, como por selección natural, los prestamistas van construyendo un entramado de agentes culturales atentos a los designios de sus amos. Y ese entramado sí que está en relación directa con sus intereses.

Alguien puede pensar, ingenuamente, que nada hay en una saga de novelas sobre vampiros adaptadas al cine que pueda interesar a un grupito de usureros. Y, nuevamente, esta sería otra forma de confundir el ’truco’ con la ’ilusión’ al nivel de la superestructura, o el ’espectáculo de magia’ con su ’verdadero propósito’ al nivel de la estructura. Y es que esas novelas en concreto (y todos los otros productos asociados a ellas) no son más que parte de un entramado mayor donde hay otras muchas novelas. Cada una en sí misma puede no ser de utilidad en la lucha por mantenerse en la cúspide del poder, pero todas las novelas del mundo, junto al resto de todos los demás productos culturales del mundo (cabe recordar que no hay nada en los seres humanos que no esté mediado por la cultura, ni siquiera sus propios cuerpos al nacer), conforman una conciencia colectiva. Tanto más se controle los parámetros de la cultura, tanto mayor será el control de la conciencia de las personas. Esta idea, que Georges Orwell esquematizó a través del ejemplo de su neolengua, es hoy, a un nivel tremendamente complejo, el modo en que nuestra sociedad global y globalizada funciona.

Otro ejemplo más de ilusionismo, también hoy [22 de noviembre]: canal Euronews en la mañana. En su parte de reportajes monográficos se ilustra la cuestión del referéndum que en breve tendrá lugar en Suiza para decidir sobre la prohibición de construir minaretes en las mezquitas. El debate social es encendido en aquel país: unos hablan de habilitar una ley que impida la islamización de la sociedad suiza. Otros se pronuncian en contra del referéndum por ser en sí mismo, independientemente del resultado, un atentado contra la libertad de culto. Cualquier otra postura, intermedia, más extrema o sencillamente diferente, no tiene presencia en los medios de comunicación. Así se induce a la mayoría de la población a pensar que realmente el debate puede resumirse en “minaretes sí o minaretes no”, lo que, a su vez, los propios medios de prensa hacen ver como un trasunto de una cuestión de mayor calado (en este caso sería la libertad de culto). Parece así que desde el periodismo se está aportando algo esencial al debate, como si no sólo se informase objetivamente, sino que además se contribuye al progreso intelectual de la sociedad. Pero que nadie se confunda: el debate es la ’ilusión’ creada para ocultar el ’truco’, truco que consiste en presumir que, independientemente de que nos declaremos musulmanes o cristianos, el caso es que debemos ser una de ambas cosas; el truco es que, discutiendo si Europa es cristiana o musulmana, implícitamente asumimos que la religión debe existir. Y, ¿cuál es el interés último al nivel de la estructura económica? Algo tan sencillo como dividir... para así vencer. ¿Y quienes quieren dividir a los pueblos del mundo en religiones, cuando en este mundo los mitos ya ni siquiera tiene sentido que existan? Evidentemente, son los mismo que perderían su poder social si los pueblos colaborasen en lugar de enfrentarse entre sí.

Otros ejemplos parejos al anterior: ·las discusiones “bioéticas” que se iniciaron hace 11 años a propósito de los transgénicos. Mientras discutimos si es legítimo utilizar esa tecnología por los riesgos que podría implicar (con supuestos ecologistas por un lado, advirtiendo sobre peligros más bien fantasiosos, y supuestos expertos por el otro, cantando las alabanzas de un futuro mejor gracias a la biotecnología), eludimos la cuestión sobre qué pretendían en realidad las pocas empresas que ejercen el monopolio en ese campo, y así vemos hoy que se trata en realidad de conseguir el control de la producción de alimentos a través de los genes patentados; ·los derechos de los homosexuales. Mientras discutimos si tienen derecho a casarse, evitamos la cuestión de que el matrimonio es una institución opresora que atenta contra la dignidad humana, como puede seguirse fielmente si analizamos la historia de dicha institución que aún hoy día sirve para mantener un determinado orden social/económico; ·los derechos de las mujeres. Mientras discutimos si tienen derecho a ocupar puestos en el ejército, despistamos a la opinión pública del necesario debate sobre la supresión de los ejércitos como primera medida para medrar pacífica, económica y socialmente; ·las muertes en las carreteras. Mientras discutimos sobre cómo concienciar a la gente para evitar accidentes, eludimos la cuestión sobre cuáles son los verdaderos motivos de los accidentes (el estado de las carreteras, la tecnología obsoleta de los automóviles,...) y evitamos también que se sepa que a los estados no les conviene (por costosas) invertir en las medidas necesarias para reducir la siniestralidad, por no hablar de que las grandes corporaciones de Wall Street (fabricantes de coches, compañías energéticas, aseguradoras, agencias de crédito, etc.), que al fin y al cabo son las que mandan en los estados, se benefician con que las cosas sigan como están; ·derecho a la intimidad. Mientras discutimos si se deben instalar cámaras en todas partes fomentando así el debate “seguridad frente a privacidad”, evitamos que se sepan los verdaderos motivos para instalar dispositivos que no son más que medios de control social pensados para prevenir las revueltas sociales que, sabemos, se producirán con frecuencia en el futuro próximo; ·barcos secuestrados. Mientras discutimos si se debe pagar o no el rescate, evitamos que una mayoría sepa que se está produciendo una subrepticia y progresiva privatización de los ejércitos estatales en la órbita de los países de la OTAN, por no mencionar que se evita toda referencia a la pesca ilegal en aguas de Somalia.

Y, ya que empecé con cine, terminaré con más cine. En este caso remito a un artículo de 2006, un análisis en clave geopolítica de la película Syriana:

http://www.voltairenet.org/article136133.html

En este artículo la autora dice: “En términos de propaganda, esas películas resultan aún más eficaces en la medida en que, al poner en tela de juicio las soluciones que el poder pone en práctica, no hacen sino dar como válidas las problemáticas planteadas.”

Ahí lo tenemos una vez más: se hace ver que se critica al poder (esa es la ilusión) para en realidad afirmar que existe una problemática: el terrorismo. Pero, como sabemos por experiencia, el terrorismo y la así llamada guerra contra el terror no existen más que como medio de los estados para ejercer presión sobre la sociedad y someterla a permanente estado de amenaza (ese es el truco). Pero que nadie se equivoque, tampoco el verdadero objetivo es someter a la sociedad por el simple hecho de someterla. Esto se realiza con un objetivo concreto aunque borroso, que en última instancia puede resumirse (con todas las imprecisiones que un resumen implica) en lo siguiente: mantener el orden social vigente.

Durán Vázquez

MAGOS DA COMUNICACIÓN
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Comentarios
25 de novembro do 2009 04:16, por krl8

Muy interesante tu escrito...

Hace ya tiempo que la publicidad y defensa de intereses económicos de los medios se anteponen a la informacion que la gente pueda precisar. Incluso en las noticias menos banales, como las que abren el noticiario, se da esto de forma más sofisticada. Se cubre lo que interesa, en orden y forma, para defender los intereses economicos y políticos que un grupo mediático pueda tener.

No solo en las privadas, que "estan en su derecho", sino tb en las públicas, ayer veiamos una vez mas que el fútbol se anteponia al derecho de estar informado, lo cual es habitual en las noticias diarias.

La edición reducida de las noticias de ayer, respondia igualmente a lo comentado; Imágen del "maravilloso" gobierno que tenemos, "la economia va mal pero menos mal si lo comparas con..." y un poco de publicidad enmascarada como agenda cultural. La pregunta es ¿como se cambia esto?

-Muchos (millones de personas) se acercan a las noticias y a la t.v. buscando ser escandalizados, entretenidos, aconsejados y dirigidos por estos intereses, tras pasar todo el dia trabajando.

-Las noticias, el entretenimiento y la publicidad son ya una misma cosa, ambos sirven para reforzarse y autoafirmarse en sus valores reales (consumo, consumo, consumo) frente a los ficticios que son con los que nos identificamos (amor, familia, sentimientos humanos).

-Internet es quizás la única forma de estar informado, empleando blogs y segundas opiniones al margen de lo tradicional. Pero tampoco es suficiente y muchas veces los mismos intereses, estan detrás de los llamados blogueros profesionales.

Pero el problema más grave es que no existe una cultura de "voy a por lo que quiero o necesito", es más, vemos "lo que nos echan"... como a los animales, nos comemos lo que echan en la tele, en la radio... Hasta que no hagamos un uso participativo y activo de la informacion, empresas como Prisa, Mediapro o A3 seguirán con el control de lo que se habla tb en los medios públicos, que siguen descaradamente las pautas de los grupos afines al gobierno.

Los políticos, los medios y sus ejecutivos (que muchas veces no son periodistas) son los autenticos magos da comunicación. El periodista, en la mayoria de los casos, es solo un pelele que que se prostituye por tener la mala suerte de saber escribir.

un saludo,

krl8

26 de novembro do 2009 01:57, por Durán Vázquez

Muchas gracias por tu comentario.
Estoy de acuerdo con lo que expones y hace buena compañía a las ideas que quise reflejar en el artículo.

Me interesa subrayar, ante todo, la noción de que, en última instancia, es la alta burguesía prestamista la que hace valer sus intereses (por medio de hacer valer su ideología) controlando todo cuanto negocio privado emerge en una sociedad capitalista. Y esto incluye a la prensa.

un abrazo__________

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