Escuché una vez a un prestidigitador que explicaba que es más fácil engañar con un truco de magia a una persona que a un mono porque el ser humano lleva implícitas nociones culturales que los animales no tienen, y ponía un ejemplo: “si señalo esta carta, instantáneamente tú entiendes que debes mirar hacia ella y de ese modo desvío tu atención de la otra mano con la que realizo el efecto mágico. El mono, al no entender el código que es mi dedo índice orientado hacia la carta, no centra su atención y puede (...)